Madera Certificada en México: perspectivas y posibilidades

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Madera Certificada en México: perspectivas y posibilidades

El desarrollo de un mercado de madera certificada en México presenta grandes retos, desde su producción y certificación hasta su comercialización. Mercados Ambientales sondea la situación de la madera certificada en México.
Perdiendo bosques en México
México, de acuerdo a su inventario forestal, tenía en el año 2000 cerca de 32.8 millones de ha. de bosques (Velásquez et al., 2002; Citado por Muñoz et al., en Pagiola, 2006). Estos bosques son el lugar en donde viven muchas de las especies de flora y fauna silvestre que hacen de México uno de los países más biodiversos del mundo. Nos brindan un gran número de servicios ambientales: protegen el agua, en su calidad y cantidad, ayudan a capturar gases de efecto invernadero como el carbono, lo que ayuda a frenar el cambio climático que estamos comenzando a experimentar.
Sin embargo, aunque México cuenta con toda esta riqueza forestal los bosques se han perdido a una velocidad preocupante. Las altas tasas de deforestación en la década de los noventa se tradujeron en una pérdida de entre 1.5 y 2 millones de hectáreas. (SEMARNAT, 2005). La mayor parte de esta deforestación la realizan los propios dueños del bosque, que desean cambiar ese uso del suelo por agricultura o ganadería cuando estas dos actividades les reditúan más. Para solucionar este problema ya hay algunas políticas como el programa de Pago por Servicios Ambientales, lanzado en 2003, que ha ayudado a disminuir el problema, pero aun hay mucho por hacer.
Además del cambio de uso de suelo, la segunda causa importante de la deforestación es la tala ilegal. La cara más dura de la deforestacion es la de la gente y grupos que roban la madera de los ejidos y comunidades más pobres, y luego la venden escondiendo su origen a quienes fabrican tablas, muebles, entre otros ¡Los que luego podríamos acabar comprando sin saber!
Esto es preocupante pues la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (PROFEPA) estima que el 70% de la madera que se vende en México proviene de bosques explotados en forma ilícita (Citado por Greenpeace, 2004). Así, es muy difícil para un consumidor saber si la madera o producto de madera que está comprando proviene de un bosque, ya no digamos bien manejado sino, legal. Por lo tanto, un consumidor no puede estar seguro de que su compra no está contribuyendo a la destrucción de los bosques en México.
Otro tipo de tala ilegal, proviene de aquellos ejidos, comunidades y propietarios más pobres que por no tener los recursos o capacitación cosechan su madera sin un plan de manejo, casi sin reforestar, y, probablemente, dañándolo en el largo plazo. De acuerdo con el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible en México CCMSS (2006), en México aproximadamente 2,400 ejidos y comunidades –de 8,000 ejidos y comunidades que tienen áreas de bosque- cuentan con un plan de manejo forestal y un permiso de aprovechamiento. Eso quiere decir que el 75% de los ejidos y comunidades forestales realizan actividades de extracción que tal vez no son sustentables.
El consumidor y la información
La certificación forestal es un proceso mediante el cual se evalúa si los bosques o plantaciones se manejan sustentablemente, es decir, se garantiza que el proceso de extracción forestal se realiza de manera controlada, asegura que la forma en la que se extrae madera no pone en riesgo la existencia del bosque en el futuro. Esta certificación se conoce como certificación de manejo.
Por otro lado, para poder asegurar que un producto además de que viene de un bosque bien manejado, viene de un proceso de transformación en el cual se utilizó solamente madera de bosques bien manejados, es necesario que la cadena de producción se certifique. Esta certificación se conoce como cadena de custodia.
Desde la perspectiva del consumidor, la certificación es una herramienta que le da información sobre su compra, garantizándole que con su consumo no está poniendo en riesgo los bosques del país.
Certificación… ¿Quiénes son, cuántos son y dónde encontrarlos?
En México la certificación de madera fue introducida y promovida en 1994 como resultado de una alianza establecida entre el Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible en México (CCMSS) y el programa Smartwood de Rain Forest Alliance.
El CCMSS buscaba promover el manejo forestal sustentable en las comunidades forestales impulsando la certificación a través del Forest Stewardship Council (FSC), una organización civil cuyo certificado tiene reconocimiento mundial.
El gobierno federal mexicano reconoció el valor de impulsar ésta y otras formas de certificación que mandaran la señal a los consumidores de que la madera que compraban incluía servicios adicionales de conservación del entorno. Desde la creación de la CONAFOR, la certificación recibió apoyos estratégicos y subsidios a través de los programas PRODEFOR y PROCYMAF.
Comunidades forestales del norte, centro y sur del país que han participado en estos programas, confían en que la certificación es un instrumento poderoso para estimular la conservación, generar ingresos y proteger los servicios ambientales del bosque. Actualmente en México hay un total de 45 ejidos certificados por FSC que cubren aproximadamente 800 mil hectáreas. A nivel mundial la superficie total certificada alcanzó ya las 68 millones de hectáreas. (CCMSS, 2006).
Los productores forestales exportadores del norte del país, han encontrado mercado en Estados Unidos y Europa que les compran madera certificada. Esto ha permitido que en esta región algunos participantes sí perciban beneficios económicos por la certificación. En cambio, para los estados del sur del país, estas señales no son tan claras, ya que sólo un ejido de esta región exporta.
El mercado de madera para estos ejidos parece no valorar la certificación. Por ello, actividades de promoción de la certificación en estas comunidades han sido posibles gracias a los subsidios del gobierno federal y del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), quienes promueven el sello con el objetivo de mejorar la preservación de los bosques con alto valor de la biodiversidad.
Beneficios no económicos de la producción de madera certificada
Aun sin la respuesta de los compradores de madera, algunos ejidos y comunidades reportaron (WWF, 2004) haber obtenido beneficios internos –aunque no estrictamente en sus ingresos- asociados a la certificación, tales como:
(a) el fortalecimiento de una cultura forestal,
(b) planes de manejo forestal con mayor legitimidad y aceptación por los propios ejidatarios o comuneros,
(c) evaluaciones externas del manejo forestal que permiten conocer cómo se pueden mejorar aspectos ambientales, administrativos y silvícolas,
(d) mejores condiciones de trabajo para quienes laboran en las empresas forestales ejidales o comunales, y
(e) ejidos y comunidades certificadas reciben mayor atención, prioridad y apoyo del gobierno y de ONG’s nacionales e internacionales.
Si se produce… ¿por qué no se ha oído hablar de la madera certificada?
Un grave problema es que la mayoría de los ejidos y comunidades no están usando el sello de certificación cuando comercializan su madera (WWF, 2004). Como no hay forma de distinguirla del resto, muchas veces la madera certificada se vende al mismo precio que la no certificada e inclusive que la que se extrae clandestinamente. Dado que trabajar de una manera más sustentable está mostrando mayores costos, al menos en el corto plazo, los ejidos y las comunidades certificadas compiten en desventaja en el mercado, lo que les quita incentivos a continuar una vez que los subsidios orientados a esta meta terminen.
La certificación busca crear una cadena de custodia para que todas las organizaciones que procesan y venden madera estén certificadas. Sin embargo, en la práctica esto puede ser complicado ya que existen distintos canales de distribución (distintas manos) por las que pasa la madera certificada desde el bosque hasta los clientes. Gran parte de la demanda de madera compra materia prima certificada y no-certificada al mismo tiempo, de modo que no es posible certificar el proceso en la totalidad. Por ello, se tendría que certificar una línea de producción lo que ocasiona costos onerosos.
Por el lado de la demanda de madera, en un estudio del Instituto Nacional de Ecología (INE), Russo y Husted (2005) realizaron un análisis sobre los canales de distribución de madera certificada con el objetivo de descubrir los problemas que existen en este mercado de madera creado hace más de 10 años. Hay evidencia que la cadena de custodia se rompe con frecuencia desde la primera venta del aserradero. El mismo estudio indica que, entre el 22 y el 40%, de los aserraderos examinados prefieren vender la materia prima certificada a cualquier cliente en lugar de certificarse, ya que hacerlo les traería costos adicionales. Tras dejar el aserradero, quizás tan sólo entre el 25 y el 35 % de la madera conserva su certificación. El resto se mezcla con madera no certificada.
En general, no hay mucho conocimiento sobre la certificación. A pesar de que existe manufactura de muebles de madera certificada, en el estudio mencionado se evidencía que el 37% de las mueblerías estudiadas no conocían, ni el sello, ni las cualidades de este producto. De esta manera, resulta imposible vender muebles de madera certificada ya que se desconoce el valor agregado del producto que se está vendiendo.
Por su parte, la perspectiva de los minoristas sobre la madera certificada no es alentadora, ya que se declaran como escépticos sobre el éxito que pudieran tener. Lo anterior nos habla de graves problemas de falta de información sobre las ventajas de la certificación.
Es un círculo vicioso: el consumidor no demanda productos de madera certificada, por tanto no hay una oferta sólida,. Aunado a esto hay un desconocimiento del producto y falta de información sobre el mismo por lo que no se demanda y por consiguiente no se oferta.
¿A quien le importa?
En un estudio de mercado de la madera certificada Russo, Basurto y Husted descubrieron que los consumidores son más optimistas que los mueblerías. Más del 80% de los entrevistados estarían dispuestos a pagar entre un 5 y 15% adicional por un mueble de madera obtenida legalmente y de bosques bien manejados.
¿Qué se puede hacer para mejorar el mercado?
Un primer paso sería que el gobierno implementara una política de compras verdes que favorezca a los productos forestales certificados. El gobierno de Oaxaca adquirió el 50% de los muebles escolares producidos por la comunidad de Ixtlán de Juárez, beneficiando el desarrollo sustentable de la comunidad.
Promover la utilización del sello de madera certificada fortalecería la oferta de productos amigables con el medio ambiente. De esta manera el consumidor tendría información sobre la procedencia del producto y sobre el valor que tiene comprar un producto que no ponen en riesgo los bosques del país.
Asimismo, los productores de madera certificada podrían organizarse para trabajar con grandes empresas que tengan programas específicos de compra de productos certificados. Esta opción se concentra en mejorar directamente el canal de distribución de uno o más grandes compradores.
Por último está el papel del consumidor. Tenemos la capacidad de demostrar nuestra sensibilidad al problema de la degradación ambiental de distintas formas. Cuidar el medio ambiente no se reduce a separar la basura ni a no contaminar.
Afortunadamente el mercado nos ofrece, cada vez más, oportunidades de contribuir al mejoramiento del medio ambiente a través de distintos tipos de ofertas. Demandar y consumir productos de madera certificada es una oportunidad para contribuir activamente a mejorar uno de los problemas más fuertes de nuestro país: la destrucción de nuestros bosques.

Autor: Marisol Rivera Planter, Carlos Muñoz Piña y José Antonio Casis García
Marisol Rivera Planter.
Subdirectora de Modelos Sectoriales y Regionales, Instituto Nacional de Ecología, realiza investigación sobre certificación ambiental en sectores como madera, turismo e industria; valoración económica de los recursos naturales; responsabilidad ambiental corporativa; consumo sustentable y comercio y medio ambiente.
Puede contactarla en marivera@ine.gob.mx
Carlos Muñoz Piña.
Director General de Investigación en Política y Economía Ambiental del Instituto Nacional de Ecología, realiza investigación sobre pago por servicios ambientales, deforestación, desacoplamiento de subsidios, eco etiquetado de vehículos, retos ambientales por distrito electoral, entre otros.
Puede contactarlo en carmunoz@ine.gob.mx.
José Antonio Casis García.
Jefe de Departamento de Modelos Regionales del Instituto Nacional de Ecología, realiza investigación sobre certificación ambiental turística y mercado de madera certificada.
Puede contactarlo en jcasis@ine.gob.mx

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